Una nube oscura planea estos días sobre el mundo azucarero. Pero ese ambiente de tensión que está demorando el inicio de la campaña 201 por la disputa salarial entre los trabajadores y los industriales estaría encapsulado en ese lugar, toda vez que el clima de negocios en la provincia muestra mejor cara. El Gobierno provincial se entusiasma con los anuncios y el interés demostrado por empresas en concretar nuevas inversiones y por el potencial de crecimiento en áreas como el turismo y el consumo. Hacen cuentas y presentan datos comparativos e históricos que los favorecen. Estaríamos ante una administración que puede mostrar una performance como pocas. La historia económica argentina registra escasos momentos de bonanzas, crecimientos y superávit en los últimos 50 años como el que tiene de su lado este Gobierno; comparar realidades distintas lleva a interpretaciones parciales y equívocas, pero esto es tan cierto como el hecho de que esta gestión registra unos créditos que le sonríen. ¿Cuanto de éxito propio habría que reconocerle a un Gobierno que no tuvo grandes sobresaltos políticos y amarroca todo el viento económico y el apoyo del Gobierno nacional? Entre las materias y reclamos pendientes, las prioridades que se impuso y la demanda social y las expectativas comienza a construirse la respuesta. El otoño es un tiempo clave en estos pagos: es la época cuando las industrias trabajan a mil y ocupan grandes cantidad de empleo. Aunque la protesta de los obreros azucareros exponga otra cosa, las perspectivas vienen bien para un sector que multiplicó sus ingresos en años recientes. La decisión de Coca Cola de duplicar sus ventas hasta 2020 también repercutirá aquí, porque la multinacional demandará más jugos y concentrados de limón. Pero la conquista del futuro es una tarea compleja, sistemática, estratégica, sostenida por la ilusión y por la autocrítica; esa debería ser la verdadera apuesta.